Hoja de Ruta
¿Por qué así? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Maria Elena Cruz Varela   
Jueves, 23 de Octubre de 2008 14:13

¿Por qué así y no de otra manera? Pregunta tonta donde las haya y tonta por ser, confesa o no, de las más comunes.  Cuando nos preguntamos por qué  tuvo que ser así, permanecemos congelados durante una fracción de tiempo que confundimos con la eternidad. Mala costumbre esa de anclarnos en el pasado y catapultarnos desde ahí al futuro, saltándonos lo único que nos compete en realidad: el aquí y ahora. No obstante, esta aclaración me sirve para mirar atrás aunque sea un poquito, porque allí están también mis amables memorias del pasado, aquellas que me condujeron a ser la persona que soy en la actualidad. Ahí, en el jubiloso trastero de mis recuerdos, viven las primeras palabras que abrieron en mi corazón la ventana por la cual, con el pecho aún plano, las caderas estrechas y el pelo pajizo -para vergüenza de Doña Lázara, mi madre- se asomó, hace más de cuatro décadas, esta asombrada guajirita laberinteña.

No más acariciarlos levantándoles el polvo que han acumulado en las solapas, saltan, gracias a la alquimia del alma, los versos primeros, entremezclados, sin clasificar, amasándose los unos a los otros y ahí no hay distinciones, no hay grados, sólo fascinación por la musicalidad, por el entonces oscuro sentido que para mí encerraban aquellas palabras  como cuentas de vidrio engarzadas en el hilo de la noche más negra, la más larga, aunque existan quienes  se empecinan en clasificar la infancia como la "epoca más feliz de sus vidas". Si su infancia fue feliz, me alegro por usted, pero la mía no, no lo fue. Por más que lo analizo, en ambas líneas parentales de lo que se llama "mi familia", faltaban los componentes genéticos que inducen a la felicidad, asignatura que debí aprender, como lo poco que he logrado aprender en mi camino, de forma autodidacta. ¡Luego crean que la estructura molecular del ADN no se puede modificar!

Cuando peor me iban las cosas, cuando ante mí, pequeña, delgaducha y asmática, no se avisoraba la más mínima posibilidad de escapar, apareció un señor de larga barba blanca y carita de mico asustadizo que se atrevía a gritar: "¡Miradme, soy Walt Witman, el Hijo de Manhattan!" Y peor aún, se refocilaba, cimentando mi incipiente rebeldía: "¿Que me contradigo? ¿Y qué? Soy vasto, ¡contengo multitudes!". ¡Vaya tortazo en la sesera de quienes confunden el ser consecuentes con ser dogmáticos y permanecen aferrados a sus opiniones! Ahí está también aquel nicaragüense gordito y algo melifluo que me hacía suspirar: "La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa?" Y yo, que era una muchachita triste, inadecuada y sola, me sentía reconfortada porque, en el mejor de los casos, era también una princesa, venida a menos, claro, porque una princesa en plena facultad de sus atributos nunca puede estar triste.

"Mírame, madre y por tu amor no llores, si esclavo de mi edad y mis doctrinas, tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen, entre espinas, flores." Nació cien años antes que yo, en 1853 y tenía apenas dieciséis años cuando escribió estos versos que robé de su drama Abdala. Entonces me creía predestinada para muchas cosas grandes y en mi ignorancia, ignoraba que, más que predestinada, las estaba forjando palmo a palmo, milímetro a milímetro, gracias a mi irremediable empatía con los desgraciados, incomprendidos e infelices que pueblan esta ilusión que llamamos mundo. Más tarde, aunque no mucho más, incorporé a la pared de mi cuarto de mujer divorciada y madre de dos hijos otros versos martianos con sabor a epitafio: "Verso, nos hablan de un Dios  a donde van los difuntos. Verso: o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos!" Pero José Martí no estaba solo en el rincón de mis castigos y mis penitencias, junto a él, el hindú de nombre inescribible y apellido Tagore se aplicaba de lleno a mis ensoñaciones: "Luego tu niña quiere atrapar la luna. Mírala madre. Tu niña es una tonta"

Cuando Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez entraron a esa, que ya nunca más será mi casa, supe de manera rotunda que el mundo no empezaba ni terminaba en la finca Laberinto. Arrasaron con muchas de mis exiguas creencias y aún sin saberlo, supe que las palabras terminarían enredándome en su endemoniada armazón de símbolos. Y así fue. Así será hasta que el lenguaje del corazón no necesite ser simbolizado. Por ahora está bien hasta aquí, porque aún faltan, sí, faltan muchos "Cadáveres amados los que un día..." por desenterrar de mi particular Club de  Inmortales 

 
Entrevista en Efory Atocha PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Jueves, 16 de Octubre de 2008 11:24
 Entrevista realizada por  L. Santiago Méndez Alpízar / Chago, Efory Atocha. Entrevista en su web.

 

- ¿Cómo se forma “Criterio Alternativo” y quiénes lo formaron?

- Los primeros miembros de Criterio Alternativo fueron José Luis Pujol y Roberto Luque Escalona, me uní al dúo gracias a que Thais, la hija de Pujol, me presentó a Luque. Desde mucho antes sabía que era necesario hacer algo, aunque no tenía claro cómo ni qué. Nunca fui militante dentro del gobierno, tampoco tenía una idea precisa de hasta dónde podía llegar la represión. Ellos fueron los primeros opositores en activo de quienes tuve noticias y les agradezco mucho, sí, que me ayudaran a ver más claro todavía. El cuarto en unirse fue Fernando Velázquez Medina, redactor de la Carta de los Diez o Declaración de los Intelectuales, que dio paso a todo lo que vino después. Recuerdo con ternura no exenta de ironía, la mañana en que me aparecí, ingenua e indocumentada, en la casa del poeta Raúl Rivero, el primero en firmar. Después firmó el poeta Manuel Díaz Martínez y así, hasta llegar a los diez firmantes iniciales, hasta sumar veinte. Por extrañas razones sólo trascendieron algunos nombres, hubo “puristas”, críticos y todo lo que se podía esperar en una situación así, pero lo que nadie puede negar es que esa fue la primera toma de posición de un importante grupo de intelectuales cubanos en favor de reformas democráticas. No todos eran, ni fueron después, miembros de Criterio Alternativo, cuya historia debería ser contada en algún momento, digo, si es que…

Quisiera aprovechar el haber entrado en la memoria de esos años para rendirle un amoroso homenaje a uno de los miembros clave de Criterio Alternativo: Gabriel Aguado Chávez, uno de esos héroes que, conformes, cargan con el peso del anonimato, como la mesa sobre la que se sirve el festín y, consciente en sí misma de su propia importancia, no se anda pavoneando. De todo esto hay mucho, tanto que decir…
- Has hablado más bien poco de los días de cárcel. Supongo que por protección, saneamiento, se recurre a la distancia, a la protección.
Cuentan que escribías cartas a las demás reclusas. También he escuchado que las torturas no finalizaron durante toda la condena. ¿Tiene algún recuerdo amable, alguna tarde-mañana-noche, que te produzca una sonrisa, queda alguna amistad surgida en días de encierro?

- No recuerdo haberle escrito cartas a las reclusas, no le escribía ni a mi familia por varias razones: pudor y rechazo a la idea de que los extraños metieran sus ojos en mis bastante difíciles relaciones familiares; miedo a las constantes requisas y absoluta falta de concentración, pues tantas mujeres llenas de conflictos reducidas a un espacio mínimo y a una promiscuidad obligatoria, es algo difícil de imaginar por quienes no hayan paso por esa asignatura. En cuanto a las torturas en forma de presiones, amenazas y otras exquisiteces en las que los represores se especializaron, como, por ejemplo, las bien llamadas “torturas blancas”, famosas porque no dejan huellas visibles como hematomas u otras mutilaciones exteriores, no cesaron nunca, ni siquiera después de abandonar la prisión.

No hablo de mi etapa en la cárcel por la sencilla razón de que esa ya no soy yo, no se puede ser prisionero de algo o de alguien tantos años después, me he negado rotundamente a cederle todo mi poder a un hecho o circunstancia determinada, es como pregonar que los “malos” son más fuertes que los “buenos”, por eso no voy de víctima por la vida, ni tampoco le resto un milímetro de valor a lo que hice, digan lo que digan quienes juzgan del otro lado. Ten en cuenta que, estés donde estés, el otro lado existe y tú también eres el otro lado de algo. Quitarle importancia, ignorarlo, o considerar a la ligera una “locura” -como he tenido a bien escuchar y leer en las valoraciones de ciertos compatriotas, muy dados a la especulación pasiva- a lo que nos atrevimos a hacer en aquellos años terribles y confusos, no pasa de ser una simple pavura, agravada por la cortedad de miras que siempre nos ha acompañado. Lo que hicimos fue magnífico, glorioso, aterrador para la cobardía. Pero, a la luz del conocimiento, esa ya no soy yo, he crecido demasiado como para quedarme anquilosada en el estrecho marco de un acontecimiento de mi vida.

- ¿Usted perdonó a sus verdugos carceleros?, y: ¿A los que desde el exilio le exigían el sacrificio que ellos no habían realizado?
- Me he perdonado a mí misma todas mis ilusiones, por tanto, he perdonado todo y a todos, sin excepción, algunos habrá que sepan a qué me refiero, otros, los que no, tienen todo el tiempo de Dios para averiguarlo. Decidí ser una persona sana de alma y el perdón bien entendido, el que nace a partir del discernimiento, no el que pregonan los que todavía creen que este mundo es real, es el mejor de los desinfectantes para la mente que elige sanar. Y sí, tengo por lo menos un recuerdo amable de esos días oscuros, recuerdo a una niña de diecinueve años a quien le debo una gran lección. Observándola, aprendí que no vale la pena juzgar, no porque sea malo, sino porque es imposible. Nunca llegamos a saber las verdaderas razones de ningún acto y terminas comprendiendo que convives con las personas, no con sus delitos, que persisten porque nos empeñamos en no dejarlos ir, porque nos ensañamos en juicios que están muy lejos de nuestro limitado entendimiento. Pienso con frecuencia en esa chiquilla, debe tener ahora unos treinta y cinco o treinta y seis años, la edad de mi hija mayor. La misma que tenía yo cuando gané el Premio Nacional de Poesía. Ojalá que, esté dónde esté, haya podido sanar.

-----Del presente

- ¿Qué opinión tiene María Elena Cruz Varela de las nuevas reformas, se le llama cambio en la prensa, que el gobierno de Cuba está realizando?

- No tengo ninguna opinión al respecto, no me ocupo de esas minucias; son sólo despojos que esos pobres señores lanzan de vez en cuando al ruedo para mantenernos entretenidos. Si permaneces durante mucho rato observando o analizando esas pequeñeces, pierdes la noción de la verdadera grandeza, la que ni esos mismos señores transitorios pueden controlar o confinar. Hace mucho que invierto mi energía en pensar una Cuba liberada ya, al frente de su propio destino, sin esperar a que la solución le llegue desde fuera, esa es la isla que importa, no la de tiranos y torturadores. A esa es a la que debemos darle vida.

- ¿Ve posible una convivencia civilizada, una posible reunificación en la isla? ¿Se ve a usted libremente en La Habana en un futuro próximo?

- Depende de quienes convivan. Sabes, mientras algunos se sientan tan ofendidos, otros tan víctimas y cada uno defienda su parcela, no hay posibilidad de verdadera convivencia y el término “civilizado” me despierta sospechas, civilizados se consideraban los colonizadores, ¡hasta los nazis se consideraban más civilizados que el resto de la humanidad! Si nos dedicáramos más a comprender que a reaccionar, veríamos que no hay nada de qué defenderse, el sol, aunque parezca una perogrullada, ha seguido saliendo a pesar de… pisamos el mismo globo terráqueo y respiramos el mismo doloroso, contaminado aire, ¿de dónde nos viene ese afán de sentirnos más civilizados que los demás? En última instancia, ¿quiénes son “los demás”? ¿De dónde nos viene la idea de ser tan especiales? Eso es válido tanto para tirios como para troyanos. A veces, la respuesta es tan simple como la pregunta: ¿Qué prefieres, ser feliz, o tener razón? Cada uno es responsable de su elección y yo hice la mía hace tiempo, por eso fui y soy libre en La Habana ahora, en este momento, mientras respondo tus amables preguntas. La libertad es una decisión individual, no importa sobre qué paisaje decidas desplegarla, es tuya, no se la debes a nadie más que a ti mismo, a tu Ser.

-----Del futuro

- Fuiste aspirante a la candidatura del Nóbel de la Paz. Ha habido varios cubanos, cubanas, propuestos.
¿Qué razones hay para que no se premie con el Nóbel el esfuerzo y la valentía de los cubanos que, en muchos casos, luego de cumplir largas condenas, continúan enfrentándose al gobierno cubano de modo pacifico, exigiendo democracia?

- ¡Imagínate tú! Toma la lista de todos los Premios Nóbel y mira bien detrás de cada nombre cuántos poderes e intereses pueden actuar desde las sombras. Yo no tengo la respuesta. Borges fue muy valiente y políticamente incorrecto también, era argentino y buenísimo poeta, ¿a que sí?, y tampoco ganó el Nóbel de Literatura. Nunca. El mundo no es un lugar justo, para nadie ni para nada y si algo he aprendido, es a hurgar tras cada apariencia, es sorprendente cuando descubres que bajo los blasones que sirven a las víctimas pueden esconderse los verdugos, por eso insisto en que hay que desconfiar de las apariencias porque nada, en realidad, es tal como parece. Quizá, el verdadero Premio a nuestros héroes sea la ausencia del Nóbel. Date a ti mismo todos los homenajes y no esperes a que los demás te den laurel alguno, pues los intereses a pagar suelen ser muy altos.

----- De la literatura

- Gertrudis Gómez, Juana de Arco: la espada y la pluma. ¿Por qué estas dos mujeres y no otras? ¿Cómo surge la suerte de escribir novelas, algo tan raro en los poetas? Porque luego de, “El Ángel Agotado”, vas a tener el distintivo de Poeta para el resto.

 

-Juana de Arco y Gertrudis Gómez de Avellaneda, la espada y la pluma, dices bien, mujeres tremendas entre dos símbolos fálicos ¡Ja, Ja! Sí, después de El Ángel Agotado, la poesía, si vuelve, será de otra manera, desde que lo escribí supe que ahí estaba, que en ese sentido, poco o nada me quedaba por decir, en cuanto a las novelas, tiene que ver con muchas cosas, en primer lugar, el reto y en segundo, las leyes del mercado, no olvides que el del poeta sigue siendo el “turno del ofendido”; en tercero, la conciencia muy clara de que El Ángel…está ahí, se defiende y me defiende, me sobrevivirá porque no hay nada que demostrar, dicho lo dicho, muerta la vanidad, la verdad es lo que queda.

 

 Un deseo que quieras compartir con los lectores.

- De compartir se trata, no un deseo, sino una certeza: Existen sólo dos emociones: Amor o miedo, la decisión de a cuál obedecemos es el estrecho margen que solemos llamar Libre albedrío. Yo decidí Ser Amor, esa es mi libertad. ¿Y la tuya?

 


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